
En una etapa de la vida donde los vínculos sociales lo son todo, la presión por encajar, el uso constante de redes sociales y la incertidumbre del futuro pueden transformarse en una carga difícil de llevar. Hablamos con una psicóloga sanjuanina sobre qué es realmente la ansiedad, cómo nos afecta día a día y de qué manera diferenciar un momento de estrés de un problema que requiere ayuda profesional. Por Emma Figueroa.
¿Qué es la ansiedad y por qué sentimos que «vivimos en el futuro»?
La ansiedad es un sentimiento propio del ser humano. Se puede experimentar tanto a nivel psíquico (pensamientos o estados mentales) como a través de síntomas físicos. Aparece cuando necesitamos anticiparnos a algo. Con Diario Estudiantil SJ fuimos a buscar a la psicóloga sanjuanina Paula Moreno.
La profesional nos explico que el problema surge cuando, en lugar de vivir en el presente, la persona vive todo el tiempo en el futuro, imaginando posibles escenarios negativos. Por ejemplo, al subir a un colectivo o a un ascensor, la mente empieza a especular con que «puede chocar» o «se puede trabar». Cuando este estado se vuelve constante, estamos ante un cuadro de ansiedad generalizada, donde la persona va perdiendo su autonomía cotidiana y tiende a aislarse.
«Nadie vive sin ansiedad; es algo propio de la vida cuando se logra controlar. El problema es cuando te roba el presente.»
El impacto del FOMO y el filtro de las redes sociales
Durante la adolescencia ocurre un proceso clave: comenzamos a despegarnos de la figura de los padres para darle prioridad al grupo de pares. En esta etapa, la aprobación de los amigos cobra un peso enorme.
- Exclusión social: Quedarse fuera de un grupo, no ser invitado a una fiesta, un viaje o no tener con quién sentarse genera un impacto emocional muy fuerte.
- La lupa de las redes: Plataformas como Instagram o TikTok amplifican estas situaciones. Ver que un grupo se juntó sin avisarnos o ser objeto de burlas y exposición pública genera un escenario aún más complejo
- La trampa de la perfección: En redes solo se muestran «mundos perfectos»: viajes, tratamientos estéticos, comidas caras y vidas armónicas. Compararse con esas imágenes irreales mientras se construye la propia identidad genera angustia y preguntas como «¿qué tengo que hacer para ser así?» o «¿cuánto menos tengo que comer?»
Pensamientos vs. Cuerpo: ¿Es lo mismo la ansiedad que un ataque de pánico?
Aunque a menudo se confunden, existen diferencias claras en cómo se manifiestan:
La ansiedad transcurre principalmente en el plano mental. Es ese estado donde la mente no para de rumiar pensamientos y anticipar escenarios que aún no ocurrieron, generando un agobio constante
En cambio, el ataque de pánico es una crisis puntual e intensa cargada de síntomas físicos que desbordan a la persona. Es un episodio que dura entre 10 y 15 minutos en el que se siente textualmente que «te vas a morir» o que la situación no se va a poder superar. Esta crisis puede manifestarse con síntomas cardíacos y respiratorios (como palpitaciones, sudoración, falta de aire y sensación de ahogo) o con malestares digestivos y corporales (como náuseas, vómitos y mareos). Aunque son pasajeros y luego viene la calma, vivirlos resulta sumamente difícil e intenso.
Redes, escuela y secuelas postpandemia: Los detonantes del día a día
Existen factores del entorno que actúan como detonantes cotidianos de la ansiedad en los jóvenes:
- Rendimiento escolar: El temor a no alcanzar las expectativas académicas suele generar escenarios negativos previos a una evaluación que terminan por bloquear a la persona frente al examen.
- El peso del ámbito social: El aislamiento y la comparación constante en redes sociales potencian la presión por encajar y el temor al rechazo.
- La huella del confinamiento: La pandemia interrumpió la etapa vital donde el desarrollo social es prioritario. La cancelación de viajes, festejos y el contacto diario dejó secuelas que aún persisten.
¿Cuándo es momento de consultar a un especialista?
Según nos explicó la psicóloga, es momento de pedir ayuda cuando la ansiedad deja de ser un sentimiento pasajero y empieza a interferir en la rutina diaria:
- Cuando el miedo a probables escenarios futuros lleva al aislamiento social y a la pérdida de autonomía.
- Cuando aparecen crisis de pánico o síntomas físicos recurrentes.
- Cuando el rendimiento escolar o las relaciones interpersonales se ven gravemente alterados.
«Reconocer lo que nos pasa y hablarlo con amigos, familiares o profesionales es el primer paso para volver a poner el foco en el presente».


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