Hace 27 años que Silvia Beatriz Godoy forma parte de la vida del Colegio Modelo. Junto a su esposo, Marce, y su hijo, Nico, lleva adelante el kiosco y comparte día a día con los estudiantes, construyendo recuerdos y dejando una huella especial en varias generaciones. Conocé su historia, en esta nota. Por Equipo de Finanzas.

Con Diario Estudiantil SJ sabemos que es importante apoyar a quienes nos apoyaron desde el comienzo. Por eso, decidimos contar la historia de Silvia Beatriz Godoy, más conocida como «La Silvi», del Colegio Modelo. Está a cargo del kiosco que se llena todos los recreos desde 1999, y durante todos estos años fue construyendo un vínculo muy especial con nosotros: los alumnos.
Las filas no existen en el kiosco de la «Silvi» porque, en cada recreo de diez minutos, el enjambre de estudiantes que van por su sanguchito, su pancho con poncho, o su bolsa de gomitas se apodera de esa casita amarilla con ventanas naranjas. Atrás de esa marea humana está la Silvi, su marido Marce o su hijo Nico. Entre los tres se aseguran de que ningún chico o chica, se vaya sin su merienda. A pesar del caos que puede significar trabajar con adolescentes, la «Silvi» no duda cuando le preguntamos qqué es lo que más le gusta de trabajar en el kiosco: los alumnos.
Para Silvia, su trabajo no se trata solamente de atender detrás del mostrador, sino también de compartir momentos y acompañar a los estudiantes en el día a día. Por eso, dice que le gustaría que los alumnos se acuerden de ella, como “su compañera, su consejera, con la que podemos contar, su compinche”, y como alguien que los quiere. Por eso, además de alimentarnos, nos presta un enchufe para cargar los teléfonos cuando lo necesitamos y no nos dice nada cuando nos olvidamos de devolverle los envases de las cientos de cocas que nos tomamos por semana. ¡Gracias Silvi!
En 27 años seguramente hubo muchísimas historias, pero una de las anécdotas que recuerda con especial gracia ocurrió con la promoción pasada. En medio de un recreo, los estudiantes comenzaron a bailar y, poco a poco, se terminó prendiendo todo el colegio «hasta los prece», recordó entre risas.
El kiosco también tiene sus clásicos y Silvi aseguró que entre los favoritos de los chicos están las tortitas con jamón y queso, las gomitas ácidas y los chupetines con chicle. A pesar de todo, para la Silvi hay algo que tiene su kiosco que la diferncia el resto: «La calidad humana».
Después de tantos años, Silvia no es solamente quien está detrás del kiosco. Es parte de la historia cotidiana del colegio y de los recuerdos de muchos estudiantes que, generación tras generación, pasaron por su mostrador.

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